Ciego de locura
Todo el pueblo estaba reunido. Sentados en el suelo y rodeados de oscuridad todos oraban en silencio. Y delante de ellos una impresionante estatua que sellaba un mausoleo. El ultimo hogar para los restos mortales de Hettar.
El Emperador encabezaba el grupo, y estaba arrodillado justo en frente de la tumba.
-“Perdónanos. Ahora los robabombillas abandonarán este mundo ya muerto, ya que no estás tu para protegerlo.”
Y todos se retiraron, dejando el mausoleo solo, perdido en la Oscuridad.
Al llegar a su sala del trono, el Emperador cayó de rodillas y empezó a llorar. Lloro como nunca antes había llorado. Su pueblo había estado siempre perdido, y ahora la única diferencia es que habían matado al causante de todo y también a su última esperanza. Pero ya estaba, ahora solo tendrían que esperar a que el hambre o la sed los matar.
Dignamente se levanto, se seco las lágrimas y avanzo hacia su trono con la cabeza muy alta. Y se sentó lentamente, se ajusto la corona y miro al vacío, esperando.
-”Que coño has hecho.”
Una voz de mujer susurro esas palabras desde una esquina. Del susto al Emperador se le cayó la corona al suelo, rebotando y rodando por la estancia. El rostro del Emperador estaba contraído por el terror.
-”Yo...yo...yo no he...hecho nada...”- Respondió a la voz tartamudeando.
-” ¿Entonces no has estado en un Mausoleo, llorando la memoria de tu amigo? ¿No conspiraste con los que mandaron la señal? ¿No asesinaste a Hettar como un perro engañándolo? ¿No has condenado a tu pueblo a la muerte? Yo creo que eso es hacer mucho...y hacerlo mal. Pero no es “no hacer nada”.”
-”Pero había que hacerlo....los Robabombillas vinieron a por el, preguntaron por el. Lo olían, y nos habrían matado si no les hubiéramos ayudado. Ahora que está muerto nos dejarán en paz.”
-”Menudo Imbécil. Ahora vendrán, ahora que lo has matado no hay nada que los pare, y os matarán a todos. Y buscarán su cuerpo, ya que lo necesitan. Pero me lo voy a llevar.”
Los ojos del Emperador casi se salieron de las orbitas.
-”¡¡Llevártelo!! No..No puedes llevártelo”- Grito. El terror se había convertido en locura en su rostro, y de su boca empezaba a manar espuma. -”No te lo lleves, NO TE LO LLEVES!!!”
Corrió como un poseso hacia la esquina desde donde surgía la voz. Se abalanzo ciego contra la voz. Y una impresionante fuerza lo arrojo hacia el lado contrario. De la esquina aparecen dos figuras femeninas. Una de ellas porta una katana a la espalda y tiene los ojos vendados. La otra es una mujer desfigurada, un monstruo.
La mujer desfigurada se adelanta, mira al emperador con desprecio y pronuncia las siguientes palabras con solemnidad.
-”La Luz volverá. Y tú no la verás. Ese es tu castigo.”
Y de un rápido movimiento, la asesina de la katana desenfunda y corta la cara del emperador. Rasga su carne y sus ojos. Un aullido de dolor recorre las estancias del palacio, y mientras el rostro del emperador llora sangre las mujeres se retiran.
Aún no hay trackbacks.












