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9abr/101

La asesina. Adiós al Imperio (Parte II/II)

Publicado por Historias de Oscuridad

    Me desperté desesperanzado.
    Ya hacia algunos días desde que el Emperador y yo habíamos discutido, y los ánimos estaban muy bajos. El mismo pueblo lo había notado, y el cargante silencio que de normal nos fortalecía se convertía en una asfixiante atmosfera.
    Tras la discusión traté de evitar a todos todo lo posible. Y para ello me centre por completo en la investigación del cadáver.

    Lo había encontrado Gron, el chaval más joven de nuestra comunidad. No reconocimos quien era y no faltaba ninguno de los nuestros, pero sus heridas era largas y profundas. Eso provoco que el miedo a los robabombillas volvió a florecer en nuestro ser.
    Tras examinarlo minuciosamente descubrí tres hechos que me mosqueaban.
    El primero de todos es que el hombre no estaba escuálido y delgado como nosotros, sino que estaba muy bien alimentado.
    El segundo que el corte no parecía de una zarpa o garra. Aun recordaba los cuerpos muertos desgarrados. El corte de este hombre era limpio, de un solo surco y de la misma anchura.
    El tercero fue encontrar arena en sus bolsillos.

    Encontré en uno de sus bolsillos llenos de arena una cartera. En ella había varias fotos de gente que no conocía, una tarjeta de un videoclub bastante antigua, una carta y su identificación. Su nombre era Redon. La carta estaba llena de apuntes, números, cálculos y otras cosas que no acababa de entender.

    Durante un par de días más seguí pistas que nos dejo ese cuerpo, pero nadie había visto ni oído nada. Nadie reconocía los datos de la carta ni la identificación ni las fotos. Al final me di por vencido.

    Los días que faltaban para el discurso los malgaste en casa haciendo mala ostia y calentándome la cabeza. Ni el estudio del cadáver me había hecho olvidar la discusión.

    Por fin llegó el día. Había dejado al Emperador solo para que pudiera reflexionar. Ahora tenía una oportunidad para que volviera a confiar en él, y un discurso hipócrita para que el pueblo recuperara la fe es lo que ahora mismo no necesitaba.

    Estábamos todos en casa, preparándonos. Teníamos que esperar a que la campana sonara. Es la única vez que se hace sonar la campana, durante los discursos de nuestro emperador. La campana suena una vez. Suena bajito, de forma que no retumbe por los alrededores. Por ello tenemos que estar pegados a las ventanas atentos para ver si podemos escucharla.

    "DONGGG"

    La señal. Todos salimos de nuestras casas y nos dirigimos al subterráneo. Hay susurros nerviosos, muchos están ansiosos por ver que les dirá el emperador.

    Nos sentamos en la sala. Erin pone con mimo los papeles en el pedestal y se adentra en la sala trasera. Pobre niña. Siento mucha lástima por ella.

    El Emperador aun no sale. Estará preparándose. En un arrebato me levanto y voy hacia la sala. Creo que para aliviar la tensión puedo hablar un poco, aunque sea como buena voluntad.

    Conforme me voy acercando siento la mirada de todo el pueblo en mi espalda. No se si me reconfortan o me odian, pero me da igual. Ellos ya han elegido otro camino.

    Llego donde el pedestal, y oigo voces en la sala. Avanzo hasta la puerta. Me asomo.

    Sobre las rodillas del emperador yace Erin. Tiene un brutal golpe en la cabeza de donde mana sangre como una fuente. El emperador está llorando. En una de sus manos hay una piedra ensangrentada. Con la otra esta anotando algo en su diario. Lo anota con la propia sangre de Erin.

    -"¡Pero qué has hecho!"- grito. Pero mi grito no es escuchado por nadie, ya que en ese momento, sobre el pedestal, cae un cuerpo de manera violenta. El pueblo empieza a chillar, todos los temores que habían florecido sobre los robabombillas a lo largo de los últimos días estallan de pronto.

    Todos tratan de huir, pero he cerrado la puerta al entrar el último, por precaución. Les he metido en una trampa.

    Me giro rápidamente. El emperador está de pie, mirándome. La piedra aun la tiene en la mano y ha dejado tirada a Erin en el suelo. El sigue llorando.

    -"Hettar.....". Da un paso hacia mí, levantando la mano con la piedra.

    Doy un paso para atrás, pero de pronto veo que en la sala hay otra persona. Detrás del emperador, acuclillada en una esquina, hay una mujer. Y la reconozco. Es una de las mujeres que salía en las fotos de Redon.

    Me quedo petrificado. ¿Qué estaba pasando?

    Y en un instante el mundo se para. La enorme cristalera de la sala se quiebra en mil pedazos, entrando una figura a través de ella. Una figura humana embozada en una amplia capa.

    "Swingggggg". El sonido rasga el aire. Porta una katana.

    Me aparta de un golpe. Al emperador le golpea con el mango en la cabeza. A la mujer la destroza de 4 rápidos golpes.

    Viendo que no pueden huir por la principal, todo el pueblo se dirige a la sala trasera, desesperados, buscando la puerta de salida trasera. El caos hace que no vean lo que ha ocurrido en esa sala. Y cuando entran soy arrastrado por la multitud.

    Para mí ya no queda Imperio.

    El Caos fue disipándose lentamente. El Emperador volvió, pero parece que el golpe y lo ocurrido aquel día lo había trastornado. Se comportaba como un adolescente idiota y no recordaba nada de lo ocurrido. El pueblo no había visto lo que pasó en la sala, así que me lo guarde para mí.
    Han pasado ya cerca de tres años. Han llegado muchos refugiados a nuestra comunidad, pero la asesina nos ha diezmado lentamente. Hasta hace unos dos meses, pero esa historia ya la conocéis.

    //En la próxima entrega fin al 2º Capítulo. Mi encuentro con el Emperador.

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    Comentarios (1) Trackbacks (0)
    1. Ostias que interesante! Muy muy chulo aunque me e perdido un poco… Bonito nombre el del joven del pueblo. No le apodarian el leon no?


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